DON P.X.DE PASAS 2018 17º 37,5cl

12,25

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Descripción

Don P.X. de Pasas.

 

Notas de Cata.

 

Color verde ambarino, de lágrima pesada.


Sin agitación el vino muestra sensaciones de fruta pacificada, higos, orejones, dátiles y uvas pasas. El alcohol abre el camino a olores de miel, cacao y sensaciones ligeramente cítricas sobre un fondo de raquis.


Al ataque encontramos un vino goloso, de ardiente dulzura que nos traslada de inmediato a las paseras de P.X. El paso de boca es amplio, llena el gusto, pleno de sensaciones. El final es largo, untuoso, persistente. Perduran gustos amargos y ligeramente astringentes que recuerdan a la algarroba, que funden en equilibrio, con el sabor de la pasa, la miel y los dátiles.


Sírvase muy frio en vaso de licor. Su conservación mejora con el tiempo, incluso abierto. Por si solo es un excelente postre, aunque puede acompañar perfectamente quesos azules, pastas, helados o la fruta del tiempo.


Desde su inicio en la vendimia hasta finales de agosto, la uva pedro Ximenez es llevada a terreno arenoso para realizar el proceso de pasificación. En su elaboración, compleja por ser uva pacificada, se utiliza prensa hidráulica. Se obtienen un mosto dulce para que, después de su fermentación parcial, se añada alcohol vínico rectificado de primera calidad, reposando como mínimo un año en depósitos inoxidables para la decantación, ya que este vino no está?sometido a filtraciones para su alta densidad.


Historia.


Es considerada una de las 100 Bodegas de Oro españolas para el siglo XXI.
Está situada en el término municipal de Aguilar de la Frontera, a 50 kilómetros de Córdoba, y fue fundada en 1844 por Antonio Sánchez Prieto en un molino denominado La Noria, cerca del castillo de dicha localidad.

A partir de entonces, aunque con métodos rudimentarios, se comercializó la producción desde la propia taberna familiar.

 

En 1922, José Mª Toro Albalá restaura y sienta sus reales en la antigua central eléctrica de Aguilar, trasladando la bodega a las instalaciones (14.000 m2) con abundantes subterráneos, ideales para la crianza y conservación de los vinos, de ahí el nombre de Eléctrico de algunos de sus caldos.

En Córdoba hay un dicho popular que reza: «Dame un calambrazo tabernero», o preguntan «¿Cuántos voltios tiene este vino?»

La producción depende en un 30% del viñedo propio y un 80% de los que se compran en exclusividad. Hay una capacidad de elaboración de 1.000.000 de litros y se cuenta con un parque de 6.000 botas. La producción media es de 300.000 botellas. La exportación ocupa el 35%.

 

A pesar de la antigüedad de estas bodegas, el despegue en el resto de España ha tardado en producirse. Han tenido que pasar más de 100 años hasta que Antonio Sánchez Romero, sin olvidar las normas legadas por sus antepasados y adoptando técnicas novedosas ha situado sus vinos en un segmento medio-alto y ha obtenido el reconocimiento de su genuino hacer.


Sigue firmemente empeñado en tratar sus vinos como si fuesen joyas únicas, artesanas, donde el tiempo tiene la última palabra, y con la originalidad que él aporta, la diferenciación.

Antonio ha llenado las lagunas de la D.O. con imaginación e incansable euforia elaboradora, pero sin perder de vista la esencia de su bodega: el prodigioso Pedro Ximenez capaz de guardar toda la untuosidad y el dulzor de las uvas pasas y que le han hecho alcanzar un reconocimiento unánime.

No digo mal si afirmo que actualmente la bodega es la locomotora y el referente del marco Montilla-Moriles en este tipo de elaborados.

Antonio Sánchez es un inventor activo, un alquimista entre botas, un aventurero de nuevos aromas y sabores a fondo perdido. Al mismo tiempo, un coleccionista de todo que cuente la trayectoria humana.

 

Su bodega-museo es una pequeña caja de sorpresas, dispuesta a desatar sus esencias ante cualquier visitante con sus dos museos: uno de artes populares y arqueología y otro en el que se exponenherramientas, máquinas, bibliografía y objetos antiguos relacionados con el arte de hacer vino. Albergan unas 4.000 piezas.


No cabe duda de que los grandes vinos del sur, el jerez, el marsala, el madeira… y también el pedro ximénez, son vinos especiales, y no entendamos «especial» como un término legal. Son especiales porque son vinos con alma, que se construyen en el interior de la bodegas donde manda la calma, la penumbra y el olor húmedo de las maderas viejas. Y donde, además, y esto es lo más importante, al final de todo hay un hombre, un personaje.

Así sucede en Bodegas Toro Albalá, a cuyo frente se encuentra una persona singular, Antonio Sánchez, gran enólogo que ha elaborado vinos para todas las grandes firmas de Montilla-Moriles. Un hombre de curiosidad y saber enciclopédico. Entre sus vinos, Antonio Sánchez está especialmente orgulloso de sus pedro ximénez, que rozan la perfección, desde el hermano pequeño Don PX hasta el gran Bacchus 1939.



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Peso 0,5 kg
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